La oligárquica “Democracia” española , una realidad déspota para mansos incultos

5 de Mayo de 2009 a las 23:42

Hoy alguna prensa se pregunta si en España hay democracia. Y,  para  autoresponderse, acuden a la preguntan de si los partidos políticos son democráticos porque lo dice el art. 6 de la Constitución. Piensan que si los partidos políticos son internamente democráticos  el asunto ya está resuelto y, con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho. De antemano los partidos políticos no pueden ser democráticos por su propia naturaleza. Y tampoco cabe entender que una Constitución se dedique a contemplarlos en su texto.

Durante toda la historia de la República Romana el desarrollo de la democracia formal, que no fue otra cosa que la dignificación del ciudadano con el oro de la libertad, llevó aparejada una mejora de las condiciones vitales del cuerpo cívico o “populus”. La prístina dignidad de los cargos republicanos fue compatible siempre con la modestia y el trabajo agrícola ( Cincinato ), pero jamás se permitió que tal dignidad se manchase con el fango de la miseria. Por otro lado, en nombre de la libertad política las leyes pusieron importantes frenos a la codicia desmedida ( Leyes Licinias ). Además, al tener las siete clases censitarias con derecho a voto un mínimo de renta anual, revisable de acuerdo a la inflación o deflación de la economía, se evitó siempre que el votante - grande o pequeño accionista del Estado - pudiera ser un ciudadano con hambre, “esse civem cum fame”. Del mismo modo la democracia política ( o formal ) generó la democracia militar ( el pueblo elegía 16 tribunos militares para 4 legiones y los duunviros navales para la flotan ). La política entraba en todas las esferas de la vida y sin un mandato del pueblo nadie podía sancionar nada que obligase al pueblo. En eso consistía la libertad para los antiguos. Cuando un general se rendía ante los enemigos ( caso de las Horcas Caudinas ) los romanos podían reanudar la guerra sin transgredir ningún pacto, pues la decisión particular de un general no conllevaba ninguna obligación para con el pueblo. En resumen, la libertad política enriqueció también “la materia” de la que se hacen las sociedades de los hombres.

Tampoco hoy la libertad política es un asunto ajeno a la igualdad. En primer lugar porque ésta es inalcanzable sin aquella. En segundo lugar, la igualdad de oportunidades o de condiciones ha dejado de ser asunto social para convertirse en un derecho político. En tercer lugar, el llamado Estado de bienestar no es irreversible. Y en cuarto lugar, la libertad política, no solo afecta a la libertad sindical, sino que fundamenta el derecho de los electores ( si existiesen distritos) a revocar las diputaciones antes de que terminen sus mandatos, si no cumplen el pacto electoral.

La libertad política solo la puede iniciar una revolución de una sociedad que conozca los motivos que la provocan. Revolución pacífica. Revolución cultural. Revolución moral. Revolución de la sinceridad contra la hipocresía, por la claridad en lo público, contra el obscurantismo económico de las fuentes de la opinión y del reaccionario consenso. Ni más ni menos, una revolución por la libertad.

Los partidos políticos no sólo no son connaturales con la Democracia, sino que la primera Democracia ( Atenas ) los prohibió en su Constitución. Berstein admitía los partidos políticos en su “Parlamentarismo y Democracia” en cuanto “mal menor” en sociedades densamente pobladas, cuya opinión pública resultase difícil de articular tecnológicamente. En Atenas y Roma el poder se ejercía siempre desde el “idiÎtes” en su sentido originario de individuo aislado y particular. Era el “idiota” aislado, totalmente singular, quien influía o se dejaba influir por otros “idiotas” en la Asamblea o Los Tribunales. Cualquier ciudadano podía llevar a debate su particular visión sobre el mundo y dar propuestas concretas que se rematarían en leyes con el nombre del idiota proponente ( en Atenas, mediante los decretos no-probouleumáticos, y en Roma, en los comitia tributa, poniendo el texto legal sobre la mesa del pretor ).

Más aún, la Democracia ateniense y la república romana siempre persiguieron con toda su fuerza a las “hetaireiai”, especie de sociedades de “niños bien”, “barbatuli iuvenes”, en el sentido de clubes políticos, antecedentes claros de nuestros partidos políticos. Miembros de estos clubes, como Ergocles y muchos más, fueron condenados a muerte por la democracia ateniense, que veía en estas sociedades minoritarias el peligro de “oligarquizar” la política, usurpando el poder político a los “idiotas”, entraña misma de la Democracia.

En la república romana, a pesar de los “bloques antagónicos” de Optimates y Populares, la Lex de Ambitu, 0 de corrupción electoral, prohibía las instituciones o maquinarias políticas que intentaban concentrar los votos en una dirección a espaldas de los Comitia Centuriata ( véase el discurso de Cicerón “Pro Lucio Murena” ). Por otra parte, es lógico que en las Democracias Antiguas, donde participaban directamente en la cosa pública tan masivos contingentes de ciudadanos ( 6.000 o 7.000 en Atenas, y hasta 450.000 ciudadanos en Roma reunidos en el Campo de Marte ), no hicieran falta para nada - aparte de representar un atentado contra el ideal democrático - los partidos políticos.

Pero en la actualidad, con la apropiación o secuestro de la cosa pública por parte de los Partidos, a los “idiÎtes”, al ciudadano de a pie, se le veda la posibilidad de participar directamente en la gestión de los intereses que son de todos. Bentham ya se dio cuenta que en las naciones actuales, compuestas de millones de ciudadanos, se impone la necesidad de un vicariato político, representativo, y de unas estructuras que articulen las preferencias de los ciudadanos; pero en todo caso esos “entes” deberán moverse siempre en la sociedad civil, y no se les deberá ocurrir jamás conquistar el Estado. Por eso, la teoría sobre la Democracia es pertinente, pues se funda en la definición esencial del término griego “Dêmocratía”. Para un griego del siglo IV. a. de Cristo lo más parecido de nuestros partidos políticos hubiese sido la Constitución de los Treinta Tiranos, y para un Romano del siglo III a. C. lo más semejante hubiese sido la horrible época de los “Decemviros”, en la que se conculcaron todos los derechos civiles de los “cives” tan trabajosamente conquistados.

La democracia, formal, exige una serie de principios de los que partir.

1º) todos pueden participar en el juego en condiciones de igualdad; Es decir, igualdad de oportunidades de partidos, asociaciones e individuos para entrar en la liza.

2º) el juego se desarrolla en el campo de la sociedad política;
Que las elecciones se desarrollen en la sociedad política (partidos, asociaciones electorales, candidatos uninominales, medios de comunicación, sindicatos, patronales, empresas de sondeos, etc), sin que los elementos del Estado (gobierno, funcionarios, etc.), intervengan. Cuando los partidos son estatales, como en esta Monarquía, no hay sociedad política. Solo sociedad civil y Estado. Los partidos, pagados con fondos públicos, son por sus funciones órganos del Estado, y no pueden representar a la sociedad civil. Eso es lo propio de los Estados totalitarios. La financiación de los partidos en una democracia no es problema. Prohibición de donaciones y subvenciones. Los partidos costean sus gastos ordinarios con las cuotas de sus militantes. Las campañas electorales deben ser cortas y gratuitas, en distritos pequeños. Los medios de información presentes en el distrito podrán espacios y tiempos a disposición de los candidatos, de manera equitativa.

3º) las decisiones se toman por votación de mayorías y minorías.

Sin embargo, hay que decir claramente que los  problemas no son los partidos, sino su articulación y funcionamiento como exclusivos actores de la sociedad política.Su posición en el engranaje pseudo constitucional se produce de arriba hacia abajo, como flor de invernadero, dimanando del Estado hacia la sociedad civil y no al revés, de tal forma que se constituyen como verdaderas instancias u órganos administrativos en el que sólo se nos invita a participar, de tal forma que llegan ya organizados y financiados a la ciudadanía, es decir como tentáculos del Estado en lugar de nacer de la sociedad para ejercer la administración estatal, de tal forma que son inservibles para que el cuerpo electoral pueda controlar o ejercer el poder político. Pasamos así del partido único gubernamental al oligopolio competitivo del “numerus clausus” político.

Similar razonamiento cabría inferir del sindicalismo organizado en el actual sistema, en el que pasamos del sindicato vertical único a los varios sindicatos organizados y financiados desde arriba, invitados a la mesa y alimentados en cuanto acaten y participen en el sistema conforme se espera de ellos.

Como se ve, estos son los efectos nefastos de los partidos y sindicatos, cuando son estatales, no solo financiados por el Estado, su dueño, sino verdaderos órganos verticales del mismo, como en la dictadura el partido y el sindicato únicos. Estos efectos hay que combatirlos, eliminando sus causas, no con paliativos, sino sacándolos del Estado, porque es necesario que partidos y sindicatos pertenezcan a la sociedad. No como un mal menor. Sino como un bien que nace de la libertad de asociación.

Por eso, tal y como está entendida la democracia en España, es tal la situación que se votan a unas listas por votar algo. Esta es la situación actual. Daría lo mismo votar al “cabeza del partido”, y una vez que éste salga designe a los componentes de sus listas, pues de antemano, todos sabemos que los miembros que cada partido lleva no son elegidos por los militantes, sino “por quien lleva la sartén por el mango”, y las disputas internas, son entre los “listables”, para ver qué número ocupan, y así ver las posibilidades de tener “cargo”. Y eso, lleva aparejado la sumisión al partido e irresponsabilidad  con los electores que, por otra parte, no los han elegido.


O te haces humano o sigues de maricón(va por todos vosotros)

4 de Mayo de 2009 a las 15:43

Desde que se proclamaron los Principios por la Revolución francesa, desde aquel tiempo, cuando la Revolución bajó a las masas su Evangelio,  el Evangelio de los Derechos del Hombre, proclamando que todos los hombres son iguales, que todos los hombres tienen derecho a la libertad y la igualdad, las masas de todos  los  países europeos, de todo el mundo civilizado, despertaron, gradualmente, del sueño que los había mantenido en la esclavitud desde que la cristiandad los drogó con su opio, y comenzaron a preguntarse si ellos también tenían el derecho a la igualdad, a la libertad, y a la humanidad. Pregunta que a día de hoy no han terminado de responderse.

No se dieron cuenta de que la primera condición para su emancipación verdadera, o humanización, era y lo sigue siendo, sobre todo, un cambio radical en su situación económica,. Con el pan de cada día, pues (como hizo notar Aristóteles), el hombre, para pensar, para sentirse libre, para hacerse hombre, debe ser liberado de los cuidados materiales de la vida diaria. Es decir, el hombre para serlo no puede vivir en una condiciones que lo hagan dependiente. Que es la situación en la que la inmensa mayoría de los humanos vive.

No nos sirven el término socializar, que según el diccionario de la real academia de la lengua significa:

1. Transferir al Estado, o a otro órgano colectivo, las propiedades, industrias, etc., particulares.

2. Promover las condiciones sociales que, independientemente de las relaciones con el Estado, favorezcan en los seres humanos el desarrollo integral de su persona.

Pero sí nos serviría el término equidad:

1. Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva
2. Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.

El Estado no puede estar por encima de ningún ser humano, el Estado no es nada más que un servicio logístico al servicio de la comunidad. El estado tal y como es utilizado es una usurpación y rebelión de ladrones asesinos que actúan en su propio beneficio, y para mantenerlo harán cualquier cosa como podéis comprobar.

Equidad pues. Justicia universal que, debido a las conquistas por la fuerza y a las influencias religiosas, aún nunca ha prevalecido en los ámbitos políticos, jurídicos o económicos, pero sin  equidad no puede haber ni libertad, ni república, ni prosperidad, ni paz alguna . La equidad, pues, debe gobernar nuestras resoluciones para que trabajemos con eficiencia en el establecimiento de la paz. Y la justicia de la equidad nos impulsará  a asumir la defensa de los intereses de la gente terriblemente maltratada y a exigir su emancipación económica y social con libertad política.

Acudamos de nuevo a la Revolución francesa: Que cada ser humano pueda poseer los medios materiales y morales para poder desarrollar así su humanidad, un principio que tiene ante sí el siguiente problema : Organizar la sociedad de tal manera que cada individuo, hombre o mujer, pueda hallar, al entrar en la vida, medios aproximadamente equivalentes para el desarrollo de sus diversas facultades y de su ocupación. Y organizar dicha sociedad de tal forma que haga imposible la explotación o maltrato de cualquier ser humano, lo cual permitirá a cada individuo disfrutar de la riqueza social, la cual, en realidad sólo se produce por logros colectivos(habrá que ir alzando la cabeza y mirar a las estrellas, pues ese es nuestro destino).

El comportamiento de los Estados demuestra la mayor de las impotencias y evidencia la carencia de una finalidad para la raza humana. Se han dedicado a alterar la naturaleza de las cosas. Hoy, los que dirigen el Mundo no están preparados para entender que están gobernando sobre seres vivientes únicos en el cosmos. Se comportan como animales heridos y vengativos. Se supone que son los más inteligentes y no lo son. Hoy la población mundial es capaz de ir junta donde sea siempre y cuando sea respetada y mejoradas sus condiciones de vida, pero no se puede hacer a cambio de algo, (no se puede pedir nada al ser humano salvo que disfrute de su vida en la Tierra) hay que hacerlo porque es la única salida que tenemos. La finalidad de los seres humanos no está en la tierra, está en el Universo. Ese es nuestro real futuro.

Los gobernantes mundiales no proponen nada que no pase por la muerte y el sufrimiento. ¿qué buscan, que quieren actuando así?. Los humanos no podemos declararnos impotentes ante esta situación, debemos reaccionar porque lo único que conseguiremos sin actuar será retardar nuestro sufrimiento. Plantémonos todos, de inmediato; paremos el Mundo.

No podemos más que rechazar la continuación de este régimen mundial en contra de la libertad completa del ser humano, de todos los individuos  y de la continuación de cualquier régimen de poder. Si la libertad no es para todos no hay libertad. Reconozcamos la libertad como fundamento único y único principio creativo de toda  organización futura.

Hasta aquí la primera y deseable parte.

Y ahora veamos que podéis hacer por vosotros, majaderos humanos. Si no vivís en una isla seguramente os han dicho que vivís en país con un estado democrático, ¿ a que sí?. Bueno la respuesta a esto la tenéis fácil. NO VOTEIS. No votéis ni en blanco ni nulo ni nada: NO VAYAIS A VOTAR nunca más a ninguna elección de asesinos ladrones que os propongan.

Decidle al régimen fascista de turno en el que viváis que si eso es una democracia vosotros no vais a votar más, que no queréis que siga en el poder gente que os maltrata y legisla para empobreceros. ¿ es fácil, a que sí?. Si el régimen del estado en el que vivís se legitima por vuestros votos no votéis y esperad la respuesta. Porque si no, las quejas que emitís al exterior son mentira. Cuando mañana os pidan el voto, para lo que sea, para las elecciones a elegir los fascistas en Europa, para elegir a vuestro visir  de turno o  a vuestro masoka de turno, demostrad que no estáis contentos, cabrones. Y como la única arma que tenéis, se supone, es vuestro voto, venderlo caro, hijoputas. Es lo único que nos queda, todo esto suponiendo que seais unos seres conscientes( es decir que no sois unos flojos mentales con menos cerebro que una albondiga de pollo sintético). Porque, veréis, cuando alguien te engaña de una forma tan elemental hay más responsabilidad en el engañado que en el timador(Como en el timo de la estampita).

JCP


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